Nadie discute el talento de Shohei Ohtani. La discusión empieza cuando se le llama el mejor de todos los tiempos —y cuando se le llama irrepetible.
Basta abrir cualquier red social después de un jonrón de Shohei Ohtani para encontrar la frase: “el mejor pelotero de la historia”. Y su variante más común, la que pretende ser prudente: “solo comparable con Babe Ruth”.
Es una afirmación que se repite tanto que ya casi nadie la revisa.
Vamos a revisarla.
El número que nadie cita
Existe una estadística diseñada exactamente para responder esta pregunta: el WAR (Wins Above Replacement), que mide cuántas victorias le aporta un jugador a su equipo por encima de lo que aportaría un pelotero cualquiera de ligas menores en su posición.
Suma bateo, defensa, corrido de bases y pitcheo en un solo número. No es perfecta, pero es lo más cerca que tiene el béisbol de una vara única.
La tabla histórica de WAR de por vida se lee así:
| Jugador | WAR de por vida | Puesto histórico |
|---|---|---|
| Babe Ruth | 182.6 | 1 |
| Walter Johnson | 167.8 | 2 |
| Cy Young | 163.6 | 3 |
| Barry Bonds | 162.8 | 4 |
| Willie Mays | 156.2 | 5 |
| Shohei Ohtani | 55.7 | ~245 |
Cifras de Baseball-Reference, actualizadas a 2026.
No es una discusión cerrada.
Es que ni siquiera están en la misma sala.
Ohtani comparte renglón con Chet Lemon, Jimmy Wynn y Joe Mauer —peloteros muy buenos, ninguno de los cuales aparece en una conversación de “mejor de la historia”.
Lo que Ohtani sí ha hecho
Hay que ser justos, porque el argumento pierde fuerza si se exagera.
Ohtani ha liderado departamentos importantes, y varios.
2023 — Liga Americana: campeón de jonrones con 44, además de líder en porcentaje de embasarse, slugging, OPS, extrabases y bases alcanzadas. Fue apenas el segundo pelotero en la historia de los Angelinos en ganar una corona de jonrones, junto a Troy Glaus.
2024 — Liga Nacional: el año del 50-50. Lideró en jonrones (54), impulsadas (130), anotadas (134, la cifra más alta de todo el béisbol) y slugging.
2025: lideró en bases alcanzadas, aunque se quedó sin corona de jonrones —Kyle Schwarber pegó 56 y él 55.
Cuatro premios de Más Valioso. Un club 50-50 que no existía antes de él.
Eso es una carrera de Salón de la Fama, y lo será.
El 50-50 tiene letra pequeña
Ahora bien, el logro estrella merece su contexto, porque casi nadie lo menciona: en 2024 Ohtani no jugó ni un inning a la defensa ni hizo un solo lanzamiento.
Venía de la operación del codo, y los Dodgers lo usaron la temporada entera como bateador designado puro.
Cuatro o cinco turnos al bate por noche, y el resto del juego sentado.
Compárese con los hombres del club 40-40, el escalón anterior: José Canseco y Barry Bonds lo hicieron patrullando los jardines todos los días. Alex Rodríguez, jugando el campocorto —la posición más exigente del cuadro.
Alfonso Soriano y Ronald Acuña Jr., desde los jardines también; Acuña, de hecho, se robó 73 bases en su temporada 41-73 jugando el right field a diario.
Todos ellos llegaron a sus números con el desgaste físico de cubrir una posición durante nueve innings, juego tras juego.
Ohtani llegó al 50-50 con las piernas más frescas que cualquier corredor de élite en la historia del logro: sin defensa, sin lomita, sin nada que le gastara el cuerpo entre turno y turno.
Eso no borra el 50-50 —sigue siendo un registro extraordinario.
Pero sí lo pone donde va: no es la misma hazaña hecha en condiciones más cómodas que las de todos sus antecesores.
Y es exactamente el tipo de matiz que la maquinaria del mito nunca incluye en el titular.
El lanzador que nunca lideró nada
Aquí es donde el mito se agrieta, porque la comparación con Ruth se sostiene enteramente sobre la idea del jugador de dos vías.
Ohtani nunca ha liderado su liga en juegos ganados, en efectividad ni en ponches. Ni una sola vez.
Lo más cerca que ha estado son categorías de tasa: ponches por cada nueve innings en 2022 y average de los rivales en 2023.
Ronda las 40 victorias de por vida en la lomita.
Babe Ruth, antes de convertirse en el bateador que todos recuerdan, ganó 94 juegos con efectividad de 2.28 y lideró la Liga Americana en efectividad.
Después, ya como bateador a tiempo completo, lideró en jonrones doce veces.
Doce.
Ohtani lleva dos.
Lo que Bonds hizo y sigue sin tener respuesta
Si la conversación es sobre el mejor de la historia y no sobre el más raro, hay un nombre que se cita mucho menos de lo que debería:
7 premios de Más Valioso. Nadie más en la historia pasa de cuatro.
762 jonrones de por vida —récord vigente.
73 jonrones en una temporada —récord vigente.
2,558 boletos y 688 intencionales —ambos récords vigentes.
.609 de porcentaje de embasarse en 2004 —récord vigente.
8 Guantes de Oro y 514 bases robadas, en el mismo cuerpo.
Y antes de que la conversación se desvíe hacia los esteroides —que es donde siempre se desvía— conviene recordar un dato incómodo: Bonds ya era tres veces Más Valioso y miembro del club de 400 jonrones y 400 bases robadas antes de que nadie pronunciara la palabra BALCO.
Ese pelotero, el de los Piratas de Pittsburgh, ya era de Salón de la Fama.
Tampoco es irrepetible: pregúntenle a Martín Dihigo
Queda un pilar más del mito por revisar: la idea de que un pelotero de dos vías es algo que el béisbol nunca había visto y nunca volverá a ver.
Cuba tiene la respuesta, y se llama Martín Dihigo.
El Inmortal lanzaba y bateaba de élite —no como curiosidad, sino como dominio simultáneo: dos veces en su carrera, una en Cuba y otra en México, fue el líder de los lanzadores y el campeón de bateo en la misma temporada.
Ohtani no ha hecho eso ni una vez.
Dihigo jugó además todas las posiciones del terreno, lanzó el primer juego sin hits de la historia de la Liga Mexicana, y no pisó las Grandes Ligas por una sola razón: era negro, y la línea del color se lo prohibió.
Aun así, está exaltado en los salones de la fama de Cuba, México, República Dominicana y Cooperstown —el único pelotero con esa colección.
Es decir: el jugador de dos vías al máximo nivel ya existió, y era cubano.
Lo que no existió fue una industria dispuesta a dejarlo entrar.
¿Y hoy?
El talento de dos vías sigue llegando.
Cada año entran al draft muchachos que batean y lanzan de élite en la universidad.
¿Qué hace MLB con ellos?
Los obliga a escoger.
La doctrina moderna de desarrollo es la especialización total: al que tiene brazo lo inclinan a la lomita, al que tiene bate le quitan la pelota de la mano.
La balanza no se deja en equilibrio nunca —se inclina a propósito, porque las organizaciones consideran que desarrollar las dos vías es un riesgo innecesario para su inversión.
Con una excepción.
Una sola.
¿Y por qué a Ohtani sí lo dejaron?
Porque en su caso el experimento venía con un mercado de 125 millones de personas detrás.
La rareza de Ohtani no es un milagro de la naturaleza: es una decisión de negocio.
MLB fabrica la escasez especializando a todos los demás, y después vende al único al que le permitió no especializarse como un fenómeno sin precedentes.
Sin precedentes no es.
El precedente nació en 1906 en Cidra, Matanzas, y se crió a cien metros del Palmar de Junco —el terreno donde, según la tradición, se jugó el primer juego de pelota de Cuba.
El béisbol de dos vías y el béisbol cubano crecieron en el mismo barrio.
Entonces, ¿de dónde sale el mito?
De un lugar bastante concreto: Ohtani es hoy el atleta mejor pagado de la publicidad en la historia del deporte.
En 2026 cobra 2 millones de dólares de salario y unos 125 millones en patrocinios.
El segundo pelotero mejor pagado fuera del terreno anda por los 10 millones.
Antes de él, el techo publicitario de un pelotero era ese mismo número —el que alcanzaron Derek Jeter e Ichiro Suzuki en su mejor momento.
Ese aparato no se construyó porque Ohtani sea el mejor de la historia.
Se construyó porque es el único al que dejaron serlo —la escasez que la propia MLB fabrica, como vimos arriba— y porque hay un mercado japonés de 125 millones de personas cuyas marcas pagan por llegar a él.
Pero una vez montado, ese aparato tiene un interés financiero enorme en sostener el relato.
La rareza vende mejor que la grandeza.
Y en el caso de Ohtani, la rareza es completamente real.
El veredicto
Shohei Ohtani es un pelotero extraordinario y su placa en Cooperstown está garantizada.
Lleva ocho temporadas y acaba de cumplir 31 años. Si mantiene este nivel una década más, esta conversación cambia por completo.
Pero hoy, con los números sobre la mesa, llamarlo el mejor pelotero de la historia no es una opinión discutible: es una afirmación que la estadística no sostiene por ningún lado.
El mejor negocio que ha tenido el béisbol no es lo mismo que el mejor pelotero que ha tenido el béisbol.
Recta al Pecho — sección “La Hipocresía en el Béisbol”. Datos citados en el artículo a partir de Baseball-Reference, MLB.com y Sportico.


