Fue Jugador Más Valioso de una Serie Mundial. Antes de eso, el gobierno cubano lo suspendió sin fecha y lo botaron del único terreno de su pueblo, donde iba solo a no perder la forma. Cuando sus abuelos murieron, no pudo ir a enterrarlos. Por eso dice que no al Clásico.
Le pregunté de dónde salió lo de “El Crudo”, que es como lo conoce media Cuba.
“Viene de cuando yo tenía como quince, dieciséis años. Estaba jugando con la primera categoría de Melena del Sur y un primera base que se llama Rají me puso negro crudo. Y ese se me quedó.”
Le pregunté qué quería decir.
“Era un muchacho que tenía mucho talento pero estaba como crudo. Estaba como un diamante en bruto, para resumirlo.”
Un diamante en bruto. Guarden esa imagen, porque lo que sigue es la historia de lo que Cuba hizo con ese diamante.
Veinte turnos al bate
Aquí hay un dato que sorprende a mucha gente: Jorge Soler casi no jugó en Cuba.
“No creo que jugara ni veinte juegos. Estuve como doce turnos, algo así, y ahí tomé la decisión.”
Jugó con el equipo La Habana —no con Industriales, como sigue diciendo Wikipedia hasta hoy— alrededor de 2011. Y se fue no por dinero, sino por algo mucho más simple:
“La decisión mía de venir para acá fue porque yo no jugaba en el equipo de La Habana. Y eso me estresó. Yo decía: oye, yo creo que yo puedo jugar aquí. Si yo tengo el talento, ¿cómo va a ser posible que no pueda jugar aquí?”
A los quince años, en un torneo en México con el Equipo Cuba, ya le habían dicho que en el mercado valía unos cinco millones de dólares.
No fue eso lo que lo movió. Lo movió no estar en la alineación de su propia provincia.
Lo cogió el Guardacostas
El primer intento fue por mar y terminó mal: lo detuvo el Guardacostas americano en el agua y lo devolvió a Cuba.
“Ahí empezaron todos los problemas.”
Lo suspendieron. Y aquí aparece otra vez la palabra que se repite en cada una de estas entrevistas:
“No me dijeron, por ejemplo, oye, te vamos a suspender uno o dos años. Me suspendieron y no sabía cuándo iba a volver a jugar.”
Sin fecha. Como a Eduardo Paret, a quien le pusieron cuatro años indefinidos por una llamada de teléfono. Como a Rey Vicente Anglada, a quien le cayeron casi tres años de cárcel sin una sola prueba.
El castigo cubano no tiene calendario: tiene humor.
El terreno de la esquina
Y ahora la escena que a mí me parece la más cruel de toda la entrevista, precisamente porque no tiene nada de espectacular.
De vuelta en Melena del Sur, arrepentido y sin equipo, Soler empezó a ir al terreno de pelota del pueblo. Vivía a una cuadra. No iba a jugar con nadie: iba a moverse para no perder la forma.
“Me sacaron del terreno. Me dijeron que no podía estar entrenando ahí. Una humillación. Yo no estaba vinculado con ningún equipo, nada. Solamente estaba viendo entrenar para no perder la forma.”
Un muchacho de veinte años, a una cuadra de su casa, botado de un pedazo de tierra porque había intentado irse.
Y encima, la trampa: había pasado la previa del servicio militar y nunca le dieron la baja. Cuando lo cogieron desertando, empezaron a citarlo.
“Eso me desesperó mucho, porque si me cogían para el servicio militar ya no podía intentar irme.”
Tenía que salir antes de que lo enrolaran. Contra reloj.
Mira la entrevista completa con Jorge Soler:
Seis meses de monte
Lo que vino después lo describe con una naturalidad que asusta, porque para él —y para cientos como él— era la rutina.
“Hubo mil intentos en el monte. Ir al monte, no entra la lancha, miras para atrás. Son lugares que casi siempre son lugares que tú no conoces. Y nada, así era todo el tiempo.”
Seis meses así. Hasta que la lancha entró, saliendo por Holguín o Las Tunas, y cruzó hasta República Dominicana.
Hay un detalle de esa llegada que lo dice todo sobre lo poco que uno sabe cuando se monta en un bote:
“Cuando llegué a Dominicana pensé que había llegado a Estados Unidos, porque realmente nunca te dicen qué es lo que va a pasar. Llamé por teléfono a mi mamá y le dije: mami, ya estoy en Estados Unidos. Y no.”
De Dominicana pasó a Haití para poder sacar la residencia. Y de ahí, por fin, al tryout.
De crudo a Serie Mundial
Firmó con los Cachorros de Chicago y la subida fue de vértigo: rookie, Clase A, dos o tres semanas de verdad en Doble A, un mes y pico en Triple A, y a Grandes Ligas.
Después vinieron Kansas City, Atlanta, San Francisco, Miami. Y en 2021, el premio al Jugador Más Valioso de la Serie Mundial.
“Nunca pensé realmente eso en mi vida. Pero como uno dice, el plan de Dios es perfecto.”
Le pregunté por el equipo que más disfrutó y respondió los Cachorros, con una honestidad sobre el negocio que no se escucha mucho:
“Uno se ve siempre ahí, pero la realidad no es así. Esto es un negocio. Después que me cambian la primera vez, uno pierde como el amor por un solo equipo. Solamente se queda con el amor de la pelota.”
Y le pregunté por algo que en este canal nos toca de cerca: Barry Bonds, que andaba por la jaula de bateo cuando Soler estuvo en San Francisco.
“Un tipo elegante. Si me tenía que decir algo, me lo decía bien.”
¿Y los consejos sirvieron?
“Él nació para batear. Te puede decir lo que él pensaba, pero el bateo no funciona así. Él nació con ese talento.”
Por qué dice que no
Llegamos a la pregunta del Clásico Mundial. Lo contactaron para el primero al que pudo ir. Dijo que no. Y su respuesta sigue siendo no.
Pero lo que importa no es la respuesta: es la razón.
A Jorge Soler lo criaron sus abuelos. Él era el nieto favorito del viejo, el que lo acompañaba a la pelota.
Los dos murieron mientras él estaba aquí. Primero el abuelo. Después la abuela.
Soler llevaba unos cuatro años en Estados Unidos, y regía entonces la regla de los ocho años: el que se había ido tenía que esperar ocho para poder volver.
“No pude ir a Cuba a ver a mis abuelos por esa situación.”
Ahí está la factura. No es ideología, no es un cálculo, no es una postura de redes sociales. Es un hombre al que su país le cobró la salida con los entierros de las dos personas que lo criaron.
“No puedo permitirme jugar por el equipo Cuba, por ese equipo de ellos.”
Sobre Moncada, ni una palabra en contra
Le pregunté por Yoan Moncada, que dijo públicamente que sí quería ir y a quien le cayó encima medio internet.
Soler no entró en eso.
“Respeto a todo aquel pelotero que quiera ir. Cada cual tiene su decisión. Tengo buena amistad con él y respeto su decisión.”
Y después marcó la diferencia con una precisión quirúrgica:
“Lo de él fue diferente. Él vino en un avión. Es otra situación.”
Le comenté que a Moncada no le habían pisoteado. Su respuesta fue de una sola línea:
“A mí sí me pisotearon.”
Eso es todo. Sin insultos, sin campaña, sin exigirle a nadie que piense como él.
La diferencia entre los que salieron en avión y los que salieron en lancha no es una opinión: es una biografía.
Lo que le diría al muchacho de Melena del Sur
Cerramos preguntándole qué le dice a la gente de allá.
“Nunca le bajen. Siempre va a haber gente que te diga que eso no va a hacer nada, que eso no puede. Mantente enfocado, que tú sí puedes. Así era yo. Siempre fui subestimado allá en el pueblo mío. Y mira la carrera que ha tenido.”
El muchacho al que llamaron crudo terminó siendo Jugador Más Valioso de una Serie Mundial y uno de los cubanos con más jonrones en la historia de las Grandes Ligas.
El país que lo botó de un terreno de tierra a una cuadra de su casa no le ha pedido perdón nunca. Ni falta que le hace ya.
Lo único que Cuba le debe, y no se lo va a poder pagar, es el adiós de sus abuelos.
Entrevista realizada por Eliam Marrero Bernal para Recta al Pecho. Las declaraciones de Jorge Soler están tomadas textualmente de la conversación grabada, disponible íntegra en nuestro canal de YouTube.


