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Mitos y análisis

«Los de antes eran mejores»: el mito que confunde una liga vacía con una generación inferior

Eliam Marrero BernalEliam Marrero BernalLectura: 6 min
Two helmets

Es el lamento oficial de cada peña deportiva: los peloteros cubanos de los 80 eran mejores que los de ahora.

Y descansa sobre una trampa lógica perfecta —comparar a una generación que nunca tomó el examen con una generación que lo toma todos los días.

Este es el desmonte final de la serie: los de hoy no son peores. Son los primeros a los que sí les pusieron la prueba delante.

Y la están pasando con premios de Más Valioso.

El razonamiento del mito es siempre el mismo, y suena impecable en una esquina caliente: aquellos equipos de los 80 eran unos trabucos que ganaban todo; mira la Serie Nacional de hoy, que da pena. Los de antes eran mejores.

Hasta los propios protagonistas de esta serie lo sostienen.

Juan Carlos Millán nos dijo que aquellos equipos “eran mejores que los de ahora” y que se jugaba con más amor.

Lázaro Valle recuerda que el que se quedaba fuera de la preselección de entonces “hoy en día hubiera sido primer pitcher del equipo C”.

Y en algo tienen toda la razón —pero no en lo que el mito cree.

Porque el argumento comete la trampa de comparar dos cosas que no son comparables: una liga con una generación.

La liga sí era mejor. Los peloteros no.

Concedamos lo que es verdad

Porque lo es: la Serie Nacional de los 80 era muy superior a la de hoy.

Doscientos atletas de élite concentrados en una sola liga, entrenando como profesionales de lunes a sábado, sin que se les fuera nadie.

Cuatro equipos de aquella época le ganaban a cualquiera de los de ahora —en eso Millán tiene razón matemática.

¿Pero por qué la Serie Nacional de hoy da pena?

No porque Cuba haya dejado de producir peloteros.

Porque los peloteros se van.

La liga de hoy es un semillero saqueado: cada talento que despunta sale por Dominicana a los 16, 18, 20 años, rumbo al béisbol de verdad.

Lo que queda en los estadios de la isla es lo que todavía no se ha ido —más los apagones, el éxodo de entrenadores y un país desplomándose alrededor del terreno.

Comparar la Serie Nacional del 85 con la del 2026 no compara generaciones de peloteros: compara una liga que retenía el 100% de su talento a la fuerza con una liga a la que el talento se le escapa por todas las costuras.

La pregunta correcta no es “¿dónde está mejor la Serie Nacional?” —es “¿dónde están los peloteros cubanos de cada época, y qué demostraron donde jugaron?”

Y ahí el mito se derrumba, porque los de los 80 están en las vitrinas de Cuba… y los de ahora están en las vitrinas de las Grandes Ligas.

El examen que unos nunca tomaron y otros pasan todos los días

Recordemos qué demostró de verdad la generación dorada, porque esta serie ya lo auditó pieza por pieza: dominó a estudiantes universitarios con bates de aluminio, fabricó promedios de .400 con una pelota viva, y cuando alguno llegó a probarse contra profesionales de verdad —Linares en Japón— el resultado fue .246.

Su grandeza real es incuestionable en su contexto; su superioridad sobre cualquiera es un acto de fe, porque el examen nunca lo tomaron.

¿Y la generación “inferior” de hoy?

Esa toma el examen todas las noches, contra los 750 mejores peloteros del planeta, con bate de madera, y este es su boletín de calificaciones:

José Abreu — Más Valioso de la Liga Americana y Novato del Año.

Yordan Álvarez — Novato del Año, campeón de Serie Mundial y uno de los bateadores más temidos del planeta.

Jorge Soler — Más Valioso de una Serie Mundial.

Yuli Gurriel — título de bateo de las Grandes Ligas y anillo de campeón.

Aroldis Chapman — el lanzamiento más veloz jamás registrado en la historia de MLB y campeón de Serie Mundial.

Randy Arozarena — Novato del Año y dueño del récord de jonrones en una postemporada.

Premios de Más Valioso. Títulos de bateo. Récords históricos de velocidad y de postemporada. Novatos del Año en serie.

Ni un solo pelotero de la generación de los 80 tiene una sola línea comparable en el nivel donde esas líneas significan algo —no porque les faltara talento, sino porque nunca estuvieron ahí.

Y esa es exactamente la diferencia entre las dos generaciones:

Una tiene mitología; la otra tiene expediente.

Díganme ustedes cuál lógica sobrevive: ¿la generación cuyos mejores números se fabricaron contra colegiales con aluminio era superior a la generación que gana premios de Más Valioso contra los mejores del mundo?

Las entrevistas de esta serie —Millán, Valle, Scull, Anglada, Pierre y más— están completas en nuestro canal.

Ver todas las entrevistas →

Lo que sí perdimos — y no era talento

Ahora bien, el mito existe porque algo real duele detrás de él, y hay que nombrarlo con respeto.

Lo que los fanáticos añoran de los 80 no eran mejores peloteros: era una pelota completa.

Estadios llenos, rivalidades enteras, los 200 mejores del país repartidos en la misma liga, el amor a la camiseta del que habla Valle, el respeto de vestuario, los fundamentos pulidos por entrenadores que venían del profesionalismo viejo.

Todo eso era verdad, y todo eso se perdió —no porque los muchachos de hoy sean peores, sino porque el sistema que encerraba el talento se quebró, y el talento hizo lo que hace el agua: buscar su nivel.

El nivel del talento cubano de hoy se llama Houston, se llama Chicago, se llama la Serie Mundial.

La nostalgia confunde el vaciamiento de la liga con la decadencia de la estirpe.

La estirpe está mejor que nunca —solo que ya no juega donde la nostalgia la busca.

El cierre de la serie

Cinco mitos entraron a este expediente y cinco salieron desmontados:

1. Los invencibles que vencían estudiantes.

2. La superestrella que nunca se probó.

3. El Mago que pierde en todas las tablas.

4. La pelota muerta que volaba.

5. Los abuelos superiores.

Todos los mitos tenían la misma fábrica: una liga cerrada que se midió sola durante cuarenta años, se declaró la mejor del mundo, y le vendió el veredicto a un pueblo sin más información que la que le daban.

No fue culpa de los peloteros —ellos pusieron el talento, el sudor y hasta la fe.

Fue el sistema el que necesitó convertir a sus rehenes en dioses, porque un dios no necesita irse, y un rehén sí.

La mejor generación de peloteros cubanos no es la de los 80.

Es la que está jugando ahora mismo, esta noche, contra los mejores del mundo —con la bandera en el corazón aunque no la lleven en el uniforme, porque el uniforme con la bandera se quedó en manos de los que administran el mito.

A los del 80, todo el amor y toda la memoria.

A los de hoy, algo mejor: el reconocimiento.

Con este artículo cierra nuestra serie sobre los mitos de la pelota cubana: El mito de los invencibles, ¿Linares o Gurriel?, El mito de Germán Mesa y El mito del aluminio. Las entrevistas citadas están disponibles completas en nuestro canal de YouTube.

Eliam Marrero Bernal
Eliam Marrero Bernal

Eliam M. Marrero Bernal es un reconocido director, productor y comunicador con una trayectoria que abarca más de dos décadas en la creación audiovisual y el periodismo. Establecido en Las Vegas, Nevada, su carrera se distingue por una profunda capacidad narrativa, una visión estética rigurosa y una resiliencia profesional que lo ha consolidado como una figura influyente en los medios de comunicación hispanos en Estados Unidos. Raíces Audiovisuales y Reconocimiento Crítico Los cimientos de su carrera se forjaron en Cuba, donde rápidamente destacó por su excelencia como realizador audiovisual. Entre los años 2005 y 2008, la calidad y el impacto de sus producciones le valieron cinco nominaciones a los prestigiosos premios Cubadisco, el mayor galardón de la industria discográfica y musical en la isla. Este temprano reconocimiento crítico estableció su credibilidad como un director con una visión artística de vanguardia. Tras emigrar a los Estados Unidos, las exigencias de la adaptación lo llevaron a explorar nuevos horizontes profesionales y empresariales. Lejos de abandonar su espíritu creativo, esta etapa forjó una sólida visión estratégica que culminó en la fundación y el éxito de Marrero Bernal y Asociados, la plataforma empresarial que eventualmente le permitiría financiar y retomar su verdadera vocación: la realización audiovisual. Periodismo y Prensa Escrita A la par de su trabajo en la producción, Eliam ha cultivado una respetada carrera en el periodismo y la redacción. Su pluma se afiló durante dos años como redactor para la revista Viva Las Vegas, donde demostró su destreza para conectar con la comunidad hispana del valle. En la actualidad, su voz periodística tiene un peso indiscutible en la región a través de su columna semanal impresa en el periódico El Nuevo Mundo. Desde esta plataforma, Eliam ejerce un periodismo analítico y cercano, consolidando su autoridad mediática y manteniendo un diálogo constante y directo con sus lectores en Las Vegas. Consolidación de su Obra y Producciones Actuales Respaldado por el éxito de su firma, Eliam ha regresado de lleno a la dirección, sumando créditos profesionales que certifican su nivel en la industria cinematográfica y televisiva. Su obra actual combina la experiencia de un realizador veterano con la implementación de tecnologías de punta, incluyendo flujos de trabajo en 4K e Inteligencia Artificial aplicada a la producción. Como creador de contenido, dirige y produce espacios de alto impacto que dominan distintos géneros: Periodismo Deportivo e Histórico: Es el creador de Recta al Pecho, un proyecto riguroso dedicado a la memoria histórica del béisbol, el análisis profundo y la preservación del legado de sus figuras, demostrando su capacidad investigativa. Entretenimiento y Comedia: En el ámbito del humor, lidera el desarrollo y la producción de dos exitosos y distintos formatos que han cautivado a grandes audiencias: La Risa es Cosa Seria y La Cosa Es de Risa. Con un perfil profesional sólidamente documentado en la industria del entretenimiento y los medios, Eliam M. Marrero Bernal representa la convergencia perfecta entre el arte audiovisual, el periodismo de opinión y el liderazgo ejecutivo. Su obra continúa expandiéndose, reafirmando su compromiso de contar historias con rigor, humor y un estándar visual de excelencia.

Recta al Pecho: deportes con la pelota como pasión

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