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Los Borrados

Tiró 0.00 en el primer Clásico Mundial. Hoy reparte paquetes en Miami

Eliam Marrero BernalEliam Marrero BernalLectura: 7 min
Yadel Marti and Eliam standing looking at the camera and giving a thumbs up
Yadel Marti

A Yadel Martí lo borraron del Cerro Pelado por permitir dos carreras contra Estados Unidos. Año y medio antes había sido el mejor lanzador del primer Clásico Mundial de Béisbol. Se sentó conmigo casi veinte años después y me dijo que de lo único que se arrepiente es de haberse ido tarde.

Le llevé unas tarjetas de colección. De esas de cartón que sacaron después del primer Clásico Mundial, con su foto y sus números por detrás.

Las fue mirando una por una. Esta la tengo. Esta también. Una en morado. Esta es la inaugural.

Y entonces se detuvo en una.

“Miren, esta no la había visto.”

Un hombre de cuarenta y pico de años, en Miami, descubriendo un pedazo de cartón que documenta lo mejor que hizo en su vida. En inglés, para que lo lean afuera. Porque adentro hace rato que dejaron de mencionarlo.

Lo que dice el cartón

Vale la pena leer lo que traía por detrás esa tarjeta, porque es un resumen frío de un hecho que en Cuba se ha ido borrando:

En el Clásico Mundial de 2006, Yadel Martí lanzó 12.2 entradas, ponchó a 11 y no permitió una sola carrera. Efectividad: 0.00.

Abrió el cruce contra Venezuela. Abrió el pase al oro contra Dominicana. Y Cuba llegó a la final del primer Clásico de la historia, contra todo pronóstico.

“Con nosotros no contaba nadie. Entonces ese segundo lugar en el primer clásico es lo que hace que se convierta, para mí —respetando los campeonatos mundiales—, en el evento de más envergadura del deporte cubano. Sin discusión.”

Y hay un detalle que él cuenta sin ninguna vanidad, casi de pasada, y que a mí me parece la clave de toda su historia:

“¿Quién iba a ver allá a Yadel Martí si yo era el pitcher número 12 del equipo Cuba? Yo casi fui de invitado.”

Salió de Cuba siendo el número doce. Regresó siendo el mejor lanzador derecho del torneo.

El MVP que no fue

Cuba perdió la final contra Japón y el premio al jugador más valioso se lo llevó Daisuke Matsuzaka.

“Según escuché, si nosotros hubiéramos ganado, yo hubiera sido el MVP del Clásico.”

Le quedó el trofeo de lanzador del equipo Todos Estrellas. Ese trofeo, por cierto, no lo tiene él: está en Cuba, en casa de su padrino Camilo.

Y en Cooperstown hay un jersey del Equipo Cuba firmado por todos ellos, que armaron en San Diego durante el torneo.

Por qué no se quedó en 2006

Es la pregunta obligada, y la respuesta desarma cualquier teoría:

“Yo veía que cuando yo regresara a Cuba, todo iba a estar bien.”

Tenía veintiséis años. Nadie lo había reclutado. Y él mismo hace la cuenta con una lucidez brutal:

“Tú tienes que entender que se va a quedar el que le van a dar dinero. Si yo soy el doce, ¿qué me van a dar? Yo nunca lo pensé. Nunca.”

La opción de quedarse no existía cuando salió de La Habana. Apareció después, como consecuencia de lo que hizo en el terreno. Y para entonces ya venía de regreso, ilusionado con llegar a Cuba convertido en el mejor lanzador del Clásico Mundial.

“Era el llegar. Era el saber cómo se iba a sentir.”

Mira la entrevista completa con Yadel Martí:

Dos carreras

Año y medio después, Copa del Mundo de 2007, en Taipei.

Yadel estuvo a un paso de un juego perfecto. A raíz de esa actuación le dieron un día más de descanso para que abriera el partido por el oro contra Estados Unidos.

Permitió dos carreras en cuatro entradas. Cuba perdió.

“Nosotros sabemos que en Cuba dos carreras es una cosa normal. Te dejan pichar.”

Cuando regresó a la isla, se enteró de que lo habían dado de baja del Cerro Pelado.

“Siendo el pitcher que abrió el oro en un mundial. Ahí fue donde dije: no entiendo.”

Fue a reclamar. La respuesta del directivo fue esta:

“Esto es una cosa que se estaba mirando ya, y no es una cosa mía. Nosotros nos reunimos y decidimos esto.”

Una votación. Sin nombres, sin acta, sin responsable. La misma arquitectura de siempre: una decisión que nadie firma.

Lo que significaba el Cerro Pelado

Aquí hay algo que fuera de Cuba cuesta entender, y por eso conviene explicarlo despacio.

El Cerro Pelado no era un honor. Era la base material de la vida de un atleta.

“Hay muchas cosas que se derivan de pertenecer al Cerro Pelado. Es donde llegan las donaciones, llegan las cosas para nosotros.”

Sacarlo de ahí no era degradarlo deportivamente. Era cortarle el acceso a los zapatos, a los guantes, a lo que llegaba de afuera. A la manera de vivir.

Y ahí fue cuando decidió irse. Se puso de acuerdo con su amigo de toda la vida, Yasiel Puig.

Los cogieron. El primer intento fue en lancha y no llegaron. Se fueron en la segunda.

Quién le compró los guantes

Le hice la pregunta que le hago a todos, porque en redes sociales todavía hay quien repite que estos peloteros son lo que son gracias a la Revolución.

Cuando tú entrenabas, ¿quién te dio los recursos?

“No, era mi familia.”

Y después explicó cómo funcionaba de verdad:

“Tú llegas a la serie nacional y te dan un guante, y ese guante lo que te duraba eran dos días.”

El resto se resolvía trocando. Venezuela llegaba con Puma y guantes buenos, y querían camisas del Equipo Cuba. Uno cambiaba.

Y hay dos historias de camisas que hay que contar completas, porque retratan un sistema mejor que cualquier ensayo.

La primera: en Holanda, un tipo le ofreció 500 euros por su camiseta del Equipo Cuba. La vendió. Después tuvo que rogar para que le dieran otra, y por eso ese año usó el 95 en lugar del 90 que siempre usaba.

“¿Tú te imaginas que yo regrese a mi casa sin esos 500? No me lo voy a perdonar ni yo.”

La segunda: en el mundial de China negoció una camiseta azul de entrenamiento —con su nombre y su número puestos por él en la industria deportiva— a cambio de dos mascotines de receptor. Uno para su padrino Camilo. Otro que le había prometido a un muchacho.

El mejor lanzador del primer Clásico Mundial vendiendo su uniforme para poder cumplir una promesa.

“Eso venía en la vacuna”

Hay una honestidad en Yadel Martí que no he encontrado en todos. Le pregunté por los discursos, por lo que había que repetir al ganar, y no se escondió detrás de nada.

“Yo estaba adoctrinado como todo el mundo. ¿Quién era yo?”

Y después la frase que resume una educación entera:

“Eso venía en la vacuna del tétano o venía en el caramelito de la vacuna. Ese ADN venía desde el pionero.”

No se pone del lado de los buenos retroactivamente. Dice lo que dijo y explica por qué lo decía. Eso, en este tema, vale más que cien denuncias.

Dieciocho años y un camión de paquetes

Yadel Martí lleva dieciocho años en Estados Unidos. Hoy reparte paquetería.

Y me contó algo que dice más de él que cualquier estadística: desde que dejó de jugar, nadie lo ha visto en un terreno de pelota. Ni por diversión.

“Si yo voy a jugar y me ponen en tercera, si me la dan para allá me voy a tirar. ¿Y después cómo me monto en la guagua a repartir mi paquete?”

No es que no le guste. Es que le gusta demasiado, y no puede permitirse una lesión.

“Lo único que yo sé hacer es jugar pelota, manejar y tirar paquetes.”

El único arrepentimiento

Le pregunté si se arrepiente de haber venido.

“Me arrepiento de haber venido tarde.”

Y explicó por qué, y aquí se le quebró un poco la voz:

“Yo no fui capaz de ver lo que vieron otras personas. Y me dolió la manera con que me marginaron. Un hombre no pudo haber acabado con mi carrera.”

Un hombre. Una votación sin nombres. Dos carreras contra Estados Unidos.

Es el mismo mecanismo que documentamos con Eduardo Paret, a quien le quitaron cuatro años por una llamada de teléfono que nadie probó, y con Rey Vicente Anglada, a quien encarcelaron sin una sola prueba. Tres generaciones. La misma mano.

La primera bola

Alguien escribió hace poco en redes una idea sencilla: si el Clásico Mundial se juega en Miami, ¿por qué no invitan a Yadel Martí a lanzar la primera bola?

Él no lo había pensado. Cuando se lo mencioné, se quedó callado un momento.

“A mí no me hace falta que me mencionen, porque los números están ahí.”

Y después, más bajito:

“Quizás no te pueda llenar la barriga, pero llenar el alma a veces es más importante.”

Nadie lo ha llamado. Probablemente nadie lo llame.

Pero hay un dato que ninguna federación, ninguna votación y ningún directivo puede tocar, y está impreso en cartón, en inglés, en la casa de un repartidor de paquetes de Miami:

12.2 entradas. 11 ponches. 0.00.

“Lo que está escrito no se borra.”

Entrevista realizada por Eliam Marrero Bernal para Recta al Pecho. Las declaraciones de Yadel Martí están tomadas textualmente de la conversación grabada, disponible íntegra en nuestro canal de YouTube.

Eliam Marrero Bernal
Eliam Marrero Bernal

Eliam M. Marrero Bernal es un reconocido director, productor y comunicador con una trayectoria que abarca más de dos décadas en la creación audiovisual y el periodismo. Establecido en Las Vegas, Nevada, su carrera se distingue por una profunda capacidad narrativa, una visión estética rigurosa y una resiliencia profesional que lo ha consolidado como una figura influyente en los medios de comunicación hispanos en Estados Unidos. Raíces Audiovisuales y Reconocimiento Crítico Los cimientos de su carrera se forjaron en Cuba, donde rápidamente destacó por su excelencia como realizador audiovisual. Entre los años 2005 y 2008, la calidad y el impacto de sus producciones le valieron cinco nominaciones a los prestigiosos premios Cubadisco, el mayor galardón de la industria discográfica y musical en la isla. Este temprano reconocimiento crítico estableció su credibilidad como un director con una visión artística de vanguardia. Tras emigrar a los Estados Unidos, las exigencias de la adaptación lo llevaron a explorar nuevos horizontes profesionales y empresariales. Lejos de abandonar su espíritu creativo, esta etapa forjó una sólida visión estratégica que culminó en la fundación y el éxito de Marrero Bernal y Asociados, la plataforma empresarial que eventualmente le permitiría financiar y retomar su verdadera vocación: la realización audiovisual. Periodismo y Prensa Escrita A la par de su trabajo en la producción, Eliam ha cultivado una respetada carrera en el periodismo y la redacción. Su pluma se afiló durante dos años como redactor para la revista Viva Las Vegas, donde demostró su destreza para conectar con la comunidad hispana del valle. En la actualidad, su voz periodística tiene un peso indiscutible en la región a través de su columna semanal impresa en el periódico El Nuevo Mundo. Desde esta plataforma, Eliam ejerce un periodismo analítico y cercano, consolidando su autoridad mediática y manteniendo un diálogo constante y directo con sus lectores en Las Vegas. Consolidación de su Obra y Producciones Actuales Respaldado por el éxito de su firma, Eliam ha regresado de lleno a la dirección, sumando créditos profesionales que certifican su nivel en la industria cinematográfica y televisiva. Su obra actual combina la experiencia de un realizador veterano con la implementación de tecnologías de punta, incluyendo flujos de trabajo en 4K e Inteligencia Artificial aplicada a la producción. Como creador de contenido, dirige y produce espacios de alto impacto que dominan distintos géneros: Periodismo Deportivo e Histórico: Es el creador de Recta al Pecho, un proyecto riguroso dedicado a la memoria histórica del béisbol, el análisis profundo y la preservación del legado de sus figuras, demostrando su capacidad investigativa. Entretenimiento y Comedia: En el ámbito del humor, lidera el desarrollo y la producción de dos exitosos y distintos formatos que han cautivado a grandes audiencias: La Risa es Cosa Seria y La Cosa Es de Risa. Con un perfil profesional sólidamente documentado en la industria del entretenimiento y los medios, Eliam M. Marrero Bernal representa la convergencia perfecta entre el arte audiovisual, el periodismo de opinión y el liderazgo ejecutivo. Su obra continúa expandiéndose, reafirmando su compromiso de contar historias con rigor, humor y un estándar visual de excelencia.

Recta al Pecho: deportes con la pelota como pasión

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Eliam Marrero Bernal con Rey Vicente Anglada

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